¿Qué es BRICS+ y quiénes lo componen?
Originalmente formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (los BRICS tradicionales), el bloque se expandió en enero de 2024 con la incorporación de Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos —conformando el núcleo de lo que hoy se conoce como BRICS+. En 2025, Indonesia se sumó como miembro pleno. Argentina había sido invitada pero se retiró tras el cambio de gobierno.
Además, se introdujo una categoría de miembros asociados; a partir de enero de 2025 se integraron países como Indonesia, Colombia, Malasia, Turquía, Vietnam, Nigeria, Uganda, Uzbekistán, Bolivia, Cuba, Argelia, Tailandia, Bielorrusia —convirtiéndose en una enorme cofradía de Sud Global.
Dimensión geoeconómica y geopolítica
BRICS+ agrupa a aproximadamente el 50 % de la población mundial, y produce entre el 45 % del PIB global (en paridad de poder adquisitivo) y una tercera parte del petróleo mundial. Se presenta como una fuerza que busca reformar el orden mundial, desafiar al G7 y el sistema financiero occidental, e impulsar el comercio en monedas locales.
La cumbre de 2025 en Río de Janeiro confirmó estos objetivos: gobernanza global, cooperación en salud, comercio, inteligencia artificial y multilaterismo sin Occidente.
Oportunidad realista o ilusión idealista
Desde la perspectiva de la derecha política, es pertinente reconocer el crecimiento de poder geopolítico de BRICS+. Pero esa fortaleza debe examinarse con rigor: muchos miembros carecen de Estado de derecho, libertad política y transparencia. Carece de legitimidad democrática, y sus objetivos de “desdolarización” o instituciones financieras alternativas revelan más ambición de poder que visión constructiva.
La ausencia de presidentes como Xi Jinping o Putin en la cumbre de 2025 también evidencia descoordinación e incertidumbre interna. BRICS+ representa una reacción al mundo occidental, no una propuesta clara de sustitución.
Respuesta recomendada desde la derecha
Occidente no debe ignorar BRICS+: sus miembros reclaman mayor voz en la ONU, el FMI y el sistema financiero global.
Pero la respuesta no puede ser ingenua: se exige firmeza. Promover alianza con democracias sólidas, fortalecer el G7/G20, y asegurar la primacía de libertades individuales por sobre ideologías del Estado autoritario. No debemos dialogar con ellos como iguales, sin exigir coherencia política, transparencia, respeto al libre mercado y derechos.
BRICS+ presiona con un bloque populacional real. Pero Occidente conserva ventaja moral y tecnológica. Es momento de definir quién representa realmente un modelo viable y sostenible.
Conclusión
BRICS+ es una fuerza en ascenso, capaz de cambiar equilibrios globales. Pero su poder no deriva de virtudes republicanas ni ideologías liberales: nace de convergencias autoritarias y pragmatismos estadistas. Desde la derecha política, hay que reconocer este ascenso sin dejar de fiscalizar su legitimidad, ampliar cooperación con naciones democráticas, y defender que la globalización no se disuelva en bloques sin valores ni transparencia.


