Petro quiere desmembrar al Perú: los guerrilleros no han abandonado sus delirios expansionistas

La izquierda no descansa ni pide permiso. Gustavo Petro, ese exguerrillero convertido en presidente de Colombia, en esta ocasión ha vomitado odio contra el Perú dado a sus aspiraciones expansionistas. En su última provocación, ha afirmado sin tapujos que nuestro país estaría “apropiándose de un territorio que le pertenece soberanamente a Colombia”. Se refiere a la Isla Santa Rosa, un pedazo de tierra selvática que el Perú administra de manera legítima desde hace décadas.

No lo olvidemos: Petro fue miembro activo del grupo guerrillero M-19, organización armada responsable de actos criminales como el asalto al Palacio de Justicia en 1985, que dejó más de 100 muertos. Así lo reconocen tanto el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia como el propio Petro en múltiples entrevistas y biografías oficiales. Ese mismo grupo insurgente sostenía que los Estados nación debían ser reemplazados por estructuras socialistas sin fronteras. Petro no ha renunciado a esa lógica, solo ha cambiado la metralleta por la retórica desde que está en el cargo.Petro

El plan de Petro consiste en reescribir la historia, deslegitimar las fronteras peruanas

Gustavo Petro no habla por impulso, ni improvisa. Cada palabra suya sigue la ruta ideológica de deslegitimar nuestras democracias y reescribir la historia a favor del colectivismo bolivariano. Petro no cree en las fronteras tal como las fijaron los tratados internacionales, sino en una “unidad latinoamericana” dirigida por un bloque socialista continental. Desde su despacho en Bogotá, repite los delirios geopolíticos de Evo Morales y Nicolás Maduro: reemplazar la soberanía nacional por una sumisión ideológica al Foro de São Paulo, a la CELAC chavista, al Grupo de Puebla y al ALBA.

En ese contexto, reabrir una disputa fronteriza zanjada hace más de un siglo le permite presentarse como defensor de la soberanía nacional, al mismo tiempo que socava la del Perú. Es una jugada doble donde la búsqueda de victimizarse es la búsqueda de fortalecer su imagen interna y agredir para debilitar al adversario. Petro no está haciendo diplomacia, sino que está librando una guerra simbólica y territorial por etapas.

El doble juego del progresismo

¿No era este el mismo Petro que hablaba de “paz total”? ¿No decía que la integración regional debía ser “basada en la hermandad entre los pueblos”? Toda esa palabrería se cae a pedazos cuando amenaza con cuestionar la soberanía peruana sobre un territorio histórico. Su plan de guerra cultural no solo busca reescribir el pasado, sino erosionar la presencia del Estado peruano en la Amazonía. Si fuera por él, nuestros soldados y autoridades se retirarían y dejarían a las comunidades a merced de los narcos y del crimen organizado que pululan por esa triple frontera.

La derecha peruana no puede seguir reaccionando con tibieza. No es momento para declaraciones diplomáticas vacías, sino para afirmaciones categóricas donde se demuestre que Santa Rosa es Perú. Punto. Y quien cuestione nuestra soberanía, está violando el derecho internacional. El gobierno debe elevar una protesta formal y, si Petro insiste, suspender relaciones diplomáticas. No podemos ser blandos con quien nos amenaza.

Conclusión: Petro quiere un Perú débil, porque teme a un Perú fuerte

La ofensiva de Gustavo Petro contra la soberanía del Perú no es solo un acto de provocación regional, sino un reflejo de su miedo más profundo: el resurgimiento de un Perú fuerte, patriótico, conservador y anticomunista. Petro y sus aliados no temen al Perú progresista, dividido, infiltrado por ONGs extranjeras y manipulado por la prensa caviar. Temen al Perú que reivindica su historia, que honra a sus Fuerzas Armadas, que protege sus fronteras y que no se arrodilla ante doctrinas extranjeras.

Por eso quieren debilitarnos: primero con Pedro Castillo, luego con el sabotaje institucional desde dentro, y ahora con ataques diplomáticos desde la Casa de Nariño. Su objetivo es minar nuestras defensas morales, fracturar la unidad nacional y abrir paso a una América Latina entregada al socialismo regional. Pero el Perú no está de rodillas. El Perú resiste. Lee más de nuestro contenido en nuestro sitio web.

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