Desarrollo implacable del conflicto armado
Desde abril de 2023, el país se encuentra en guerra civil entre las Fuerzas Armadas Sudaníes (SAF) y las paramilitares RSF, en una lucha encarnizada por el poder ‒no por ideología ni futuro republicano—. La guerra ha marcado uno de los conflictos más sangrientos del siglo XXI, agravado por injerencias regionales de Irán, Emiratos Árabes Unidos y Rusia.
Una catástrofe humanitaria sin precedentes
- Víctimas y desplazamiento masivo: Más de 150,000 muertos y la crisis de desplazados más grave del mundo —más de 14 millones—, incluyendo más de 11 millones dentro del país y casi 4 millones que huían al extranjero. Casi 1 de cada 3 sudaneses está desplazado.
- Hambre extrema y epidemias: Provincias como Darfur están en fase de hambruna (IPC Fase 5) y más de la mitad de la población necesita ayuda urgente. Cólera ha causado más de 2,300 muertes durante 2024‑25, con 32,000 casos activos.
- Desplazados al límite: Campamentos como Abu Shouk han sido bombardeados repetidamente. El más reciente ataque de la RSF causó al menos 31 muertes, incluyendo niños y adultos embarazadas, y destruyó infraestructura esencial.
- Violencia sexual y colapso institucional: Mujeres y niñas sufren violaciones, matrimonios forzados y traficados como herramientas de guerra, mientras el sistema sanitario colapsa por enfermedades y falta de cobertura.
Intentos de estabilización y dilemas regionales
- Avances militares parciales: A principios de 2025, el ejército recuperó partes clave de Jartum, lo que permitió retornos de población; sin embargo, esto no garantiza paz sostenible.
- Gobierno paralelo de RSF rechazado: La ONU denunció el intento de la RSF de establecer un gobierno rival, que amenaza la integridad estatal y agrava el conflicto.
- Intervenciones extranjeras: Irán ha alineado su estrategia con SAF, mientras EAU, Egipto, Rusia y otros buscan expandir su influencia —agudizando la fragmentación.
- Mediación internacional débil: Diálogos en Ginebra, bajo auspicio de la Unión Africana y la ONU, apenas avanzan debido a la desconfianza mutua y la fragmentación interna.
¿Qué exige la derecha política ante esta tragedia?
- Restablecer el Estado de Derecho: Solo un gobierno de transición civil creíble, no militares o caudillos, puede poner fin al caos.
- Apoyo internacional estratégico y humanitario: Asistencia masiva con condiciones claras para garantizar retorno seguro y reconstrucción.
- Justicia real sin indulgencias: Investigar crímenes de guerra mediante mecanismos internacionales, con rendición de cuentas incluso para RSF.
- Control de fronteras y evitar éxodo de extremistas: Las fronteras deben estar seguras, no convertirse en rutas para terroristas o insurgentes.
Conclusión
La guerra civil en Sudán ha resultado en una debacle humanitaria que desafía a toda civilización. No basta con conmiserarse: el mundo libre debe actuar, no con caridad efímera, sino con visión estratégica que restituya la legalidad, la soberanía y la institucionalidad. La derecha política tiene la obligación de respaldar esa hoja de ruta: soberanía, orden y humanidad, frente al desastre más silencioso del planeta.


