Chancay: inversión imprescindible, pero que exige soberanía estratégica

Chancay en marcha: conectividad real y crecimiento inmediato

Inaugurado en noviembre de 2024, el Megapuerto de Chancay ya inició operaciones bajo la modalidad de pruebas o «marcha blanca». Las cifras hablan por sí solas: en los primeros meses del año movió US$ 265 millones en comercio, y reportó US$ 2.6 millones de ganancia neta, consolidando su utilidad desde el inicio.

El proyecto alcanza hasta un 99.85 % de avance físico, según fuentes oficiales, y representa una inversión superior a los US$ 3,400 millones.

Un puerto inteligente que cambia el juego logístico

Diseñado como smart port, el terminal combina automatización y conectividad avanzada (como infraestructura 5G), con un túnel subterráneo que facilita el acceso terrestre sin congestión urbana. Estos avances deben traducirse en tiempos y costos logísticos drásticamente menores, además de mejorar la eficiencia aduanera.

Con su calado natural de más de 17 metros, su capacidad inicial permitiría movilizar hasta 1 millón de TEUs el primer año, incrementando a 1.5 millones al año siguiente. El BCRP estima un aporte al PIB del 0.9 % en 2025, y un potencial impacto económico de US$ 4,500 millones anuales.

Sostenibilidad estratégica: segunda etapa y conectividad interna

La segunda fase del puerto está prevista para iniciarse en 2027 con inversiones adicionales de US$ 2,500 millones. Para evitar que Chancay se convierta en una «isla logística», el Estado ha diseñado un paquete de 21 proyectos de infraestructura (vías, intermodalidad, corredores) por S/820 millones.

Riesgos geoestratégicos: soberanía y consecuencias globales

El proyecto, liderado por COSCO (empresa estatal china), es parte de la iniciativa Belt and Road, lo que genera preocupación internacional por su posible uso dual (comercial y militar). Esto coloca al Perú en el centro de un tablero estratégico en disputa por influencia entre potencias globales.

Además, la acelerada valorización inmobiliaria y afectaciones ambientales y sociales (daños estructurales, inseguridad local) generan tensiones internas.

Enfoque de derecha política: orden, inversión y soberanía real

Desde la derecha política, celebramos la apuesta por el crecimiento, pero exigimos condiciones:

  • Soberanía estratégica primero: mantener control legal, tarifas transparentes, y asegurar que el puerto sirva al Estado peruano, no solo a intereses extranjeros.
  • Infraestructura nacional que lo respalde: corredores logísticos y transporte interno para evitar que Chancay sea una isla aislada de inversión.
  • Seguridad y protección institucional fuerte: asegurar la zona, evitar crimen organizado y garantizar que la economía local no sea desplazada.
  • Competencia regulada: coordinar Chancay con el Callao para fortalecer ambos sin generar monopolios artificiales.
  • Sostenibilidad a largo plazo: proteger ecosistemas y evitar costos sociales irreversibles.

Conclusión

El megapuerto de Chancay tiene el potencial de convertir al Perú en un hub logístico real, vinculando Sudamérica con Asia de forma eficiente y moderna. Pero este salto económico solo valdrá si se equilibra con soberanía, orden institucional y respeto al Estado de Derecho. La derecha política debe apoyar la inversión inteligente, exigir control y defender que la gran infraestructura sirva, sobre todo, a los peruanos.

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