Contexto político y convocatoria electoral
Perú ha vivido una crisis política sin precedentes: desde 2018 ha tenido seis presidentes distintos. En ese marco de inestabilidad y con una presidenta muy impopular (93 % de desaprobación), Dina Boluarte anunció en marzo de 2025 unas elecciones generales para el 12 de abril de 2026, con la promesa de restaurar la gobernabilidad y promover comicios “limpios, democráticos y ordenados”.
Esta convocatoria forma parte de la hoja de ruta para devolver al país su normalidad republicana, desactivando años de improvisación institucional.
Calendario electoral y primarias inéditas
Por primera vez en la historia moderna peruana, se incluirán elecciones primarias obligatorias los días 30 de noviembre y 7 de diciembre de 2025, organizadas por la ONPE y el JNE, para la selección interna de candidatos presidenciales.
El cronograma trazado por el JNE marca otros hitos clave: cierre del padrón y registro de alianzas el 14 de octubre de 2025, inscripción definitiva de candidaturas el 14 de marzo de 2026, y la elección general el 12 de abril de 2026, con segunda vuelta prevista para el 7 de junio, si ningún aspirante obtiene más del 50 %.
Legislativo renovado: regreso al Congreso bicameral
El 12 de abril de 2026 también se elegirá a los nuevos miembros del Congreso nacional, que regresa al modelo bicameral, tras 30 años: 60 senadores y 130 diputados.
Es una reforma estructural imposición del Congreso y aprobada para consolidar un equilibrio institucional, fortalecer la deliberación y frenar la fragmentación que ha marcado al sistema.
¿Una salida para la derecha política?
Desde la perspectiva de derecha, estas elecciones deben ser el momento para imponer orden, sentido de Estado y responsabilidad política. No se trata solo de votos: son la oportunidad para repudiar el caos, la polarización y la improvisación partidaria. Es hora de que la derecha ofrezca plataforma clara de seguridad, estabilidad económica y reformas institucionales duraderas.
Los comicios deben ser el mecanismo para redefinir la gobernabilidad —no para que el sistema reproduzca su debilidad—. Hay que demostrar que la política puede estar al servicio de la nación, no de los intereses coyunturales.
Conclusión
El anuncio de elecciones para el 12 de abril de 2026 representa una oportunidad histórica para terminar con la anarquía política que ha sufragado al Perú. Entre primarias inusitadas, un Congreso bicameral y una convocatoria firme, solo basta voluntad de renovación institucional. La derecha política tiene la responsabilidad de presentarse como fuerza de cambio y de orden: dejar el espectáculo atrás y asumir un liderazgo con visión, reformas y compromiso democrático real.


