El líder kurdo ha lanzado una señal de alarma: el Estado Islámico está reorganizándose y busca volver a sembrar terror en Oriente Medio. Esta vez, pide el apoyo de India para frenar su avance. Su advertencia no es exagerada: quienes hemos visto los atentados de París, Bruselas, Londres o Nueva York sabemos que el islamismo radical no se queda contenido en una región; se expande como una metástasis si no se le enfrenta con decisión.
Para el mundo libre, esta es una oportunidad para reafirmar un principio básico: la seguridad de nuestras naciones no se negocia.
El terrorismo yihadista es un enemigo de nuestra civilización
Occidente debe dejar de engañarse: el ISIS no es un problema lejano, confinado a desiertos remotos o ciudades en guerra. Es una amenaza directa que, cuando se subestima, se infiltra en nuestras comunidades, ataca nuestras calles y mina la seguridad de nuestras familias. No es un fenómeno “ajeno” a nuestra vida diaria; basta recordar los atentados de París en 2015, Bruselas en 2016, Barcelona en 2017 o Londres en 2019 para entender que su guerra es contra nosotros, contra todo lo que representamos.
El islamismo radical no busca convivir ni integrarse: su objetivo es reemplazar nuestra cultura y nuestras leyes por la tiranía totalitaria de la sharía, donde no existe la libertad religiosa, la mujer es ciudadana de segunda clase y la disidencia se castiga con la muerte. Frente a esta amenaza, no hay neutralidad posible: o defendemos nuestros valores o los perderemos.
Cada concesión que hacemos —ya sea por miedo, por ingenuidad o por la corrección política impuesta por la izquierda— es una victoria para ellos. Ceder en seguridad, tolerar zonas de radicalización, minimizar el adoctrinamiento en mezquitas extremistas o excusar atentados como “respuesta a la marginación” es exactamente el terreno fértil que el terrorismo necesita para crecer. El yihadismo entiende la debilidad como señal de oportunidad, y cada vez que Occidente se disculpa por defenderse, les está diciendo que pueden seguir avanzando.
India como socio clave en la defensa del mundo libre
Que el líder kurdo busque a India y no a la ONU o Bruselas dice mucho. India, con un gobierno fuerte y decidido, entiende que el islamismo radical no se combate con discursos ni con “diálogo cultural”, sino con inteligencia, fuerza y fronteras seguras. Occidente debería ver en Nueva Delhi un aliado natural, no solo en el combate contra el ISIS, sino en la defensa global contra cualquier forma de extremismo que atente contra la libertad.
La debilidad política es el mejor aliado del terrorismo
En demasiadas capitales europeas, la respuesta al terrorismo ha sido la tibieza: más vigilancia… pero sin tocar las fronteras; más condenas… pero sin actuar contra las redes de financiación y reclutamiento; más discursos de unidad… mientras se permite la radicalización en barrios enteros convertidos en “zonas de no acceso”. Esta blandura es exactamente lo que el ISIS necesita para expandirse.
Un compromiso real con la seguridad
Apoyar a los kurdos, respaldar a India y fortalecer nuestras propias capacidades militares no es opcional: es vital para garantizar que el terrorismo no vuelva a golpear con la ferocidad de hace una década. La derecha política debe liderar esta respuesta, recordando que la prioridad de cualquier Estado responsable es proteger a sus ciudadanos, aunque eso incomode a las élites progresistas o a las ONGs que buscan relativizar la amenaza.
Conclusión
El resurgimiento del ISIS es un recordatorio brutal de que el terrorismo yihadista no desaparece por arte de magia ni por comunicados bien redactados desde Bruselas o Nueva York. Se combate con fuerza, con alianzas estratégicas y con una defensa inquebrantable de nuestros valores.
Occidente no puede delegar esta responsabilidad ni esconderse tras la retórica vacía del progresismo global; debe liderar la lucha, coordinar con aliados como India y respaldar a quienes, como los kurdos, están en la primera línea del frente. La seguridad de nuestra civilización depende de entender que la paz no se negocia con quienes quieren destruirnos, y que la victoria exige determinación, unidad y una voluntad política que no tema llamar al enemigo por su nombre.


