Adiós al monopolio estatal, hola al sector real
Por primera vez desde los años 60, el sector privado supera al estatal en valor de ventas minoristas en Cuba: en 2024 alcanzó el 55 %, frente al 44 % en 2023. Los mercados informales, como la feria del Puente de la Calle 100 en La Habana, se han convertido en nodos vitales para que los cubanos adquieran ropa, artículos de higiene y productos difíciles de hallar en tiendas oficiales.
La rapidez con que estas redes se han consolidado —tiendas privadas, puestos callejeros y ferias populares— refleja la incapacidad estatal para garantizar el abastecimiento básico. Son los cubanos, no el gobierno, quienes han reactivado la economía real.
Economía informal como estabilizador social
En una encuesta realizada en 2024, el 67.8 % de los cubanos afirmaron que la economía informal contribuye positivamente a la economía local y un 77.8 % la percibe como una fuente crucial de estabilidad laboral. Además, un abrumador 88.5 % pide una desregulación que fomente su expansión y eficiencia.
Estas cifras retratan una sociedad que ha sabido construir, por su cuenta, una red de supervivencia productiva donde el Estado no llega.
El peso desmoronado y el mercado de divisas paralelo
La crisis monetaria en Cuba es brutal: el peso ha caído a 400 CUP por dólar en el mercado informal, una depreciación de casi 25 % solo en 2025. Esto convierte el dólar y el euro en monedas de facto esenciales para abastecerse, mientras el salario promedio —alrededor de 5,839 CUP— apenas equivale a 16 USD.
El sistema vive una distorsión profunda: múltiples tasas de cambio que estratifican la economía: oficiales (24–120 CUP), bancarias y paralelas, donde el dólar es cotizado muy por encima del tipo legal. En este escenario, el mercado informal de divisas es indispensable, descentralizado y transparente —más aún desde que se difunden precios vía redes sociales— con transacciones diarias superiores a mil operaciones.
Por qué la derecha debe respaldar este impulso
Desde la óptica conservadora, el crecimiento del sector privado y la informalidad representan el realismo frente al fracaso estatal. Donde el Estado no abastece, el libre emprendimiento emergente sanea el orden público y económico. Exigir legalización, reconocimiento y marco regulatorio —en vez de represión— es legítimo y urgente. Así se alienta la competencia, se reducen precios y se devuelve dignidad al trabajo.
La informalidad no es delito: es demanda no satisfecha. Apoyar este motor económico significa respaldar a quienes, con esfuerzo y creatividad, construyen un país desde abajo.
Conclusión
Los mercados informales en Cuba no son residuales: son columna vertebral en un sistema fallido. Representan el renacimiento del comercio real frente al colapso estatal, el refugio del salario, del abastecimiento y del futuro económico. La derecha debe abrazar esta realidad y exigir un giro: legalizar la microempresa, eliminar la intervención centralizada y abolir el monopolio ideológico. Solo así Cuba puede reconstruirse desde la base, con empresarios libres y mercados que sirvan al pueblo, no al Estado.


