Siria sin Assad: supervivencia sectaria y reconstrucción bajo tutela islamista

Nuevo poder, viejos demonios

En diciembre de 2024, el régimen de Bashar al‑Assad colapsó frente a una ofensiva liderada por Hayat Tahrir al-Sham (HTS), respaldada por Turquía. En enero de 2025, Ahmed al‑Sharaa—alias Abu Mohammed al‑Golani—fue nombrado presidente interino por el mando militar rebelde. Este movimiento marcó el inicio de una transición con fuerte sello islamista.

El nuevo gobierno inmediato disolvió el Baaz, la Constitución de 2012 y fusionó facciones insurgentes en estructuras estatales. En marzo se promulgó una Constitución provisional válida por cinco años, que, en teoría, debe guiar una transición ordenada hacia elecciones futuras.

Reacciones internacionales y oportunidad económica

La comunidad internacional respondió rápido. UE, EE. UU. y Reino Unido avanzaron en el levantamiento gradual de sanciones impuestas al régimen de Assad, reconociendo el nuevo poder y promoviendo su integración económica.

Expertos de la ONU respaldaron esta apertura, al considerarla esencial para reconstruir infraestructura, restablecer servicios y asegurar derechos fundamentales, hoy vulnerados.

Desafíos reales y sombras sectarias

La transición no ha sido pacífica. En marzo, una ola de violencia sectaria dejó más de 1 300 muertos, en áreas como Latakia y Tartús, revelando el poder latente del régimen derrocado.

Las reformas económicas tampoco rejuvenecen el país. El nuevo gobierno aplica medidas que siguen reflejando la crisis: austeridad, incapacidad para reducir la pobreza, dependencia de remesas y altas tasas de pobreza siguen dominando.

Geopolítica: Turquía emerge, Rusia e Irán retroceden

Con el régimen derrocado, se reconfiguró el tablero regional. Turquía consolida su influencia, abriendo embajada en Damasco y alineándose con el nuevo poder. Mientras tanto, Rusia e Irán, antiguos pilares del régimen de Assad, pierden terreno, empujados por el nuevo contexto político.

Al mismo tiempo, en diplomacia regional, Estados Unidos y Jordania se suman a Siria para discutir reconstrucción y pacificación, proyectando legitimar al gobierno emergente.

Camino electoral y futuro incierto

En septiembre de 2025 se celebrarán elecciones indirectas para renovar parte del parlamento, el primer proceso electoral desde la caída del régimen. El 66 % de los escaños serán elegidos por comités locales, y el resto serán designados por el presidente transitorio —¿una auténtica democracia?—

Las presidenciales están previstas en un plazo de cuatro a cinco años, una ventana que permite el control prolongado del nuevo liderazgo islamista.

Conclusión

Siria ha cambiado de rostro, pero no de alma. Un régimen autoritario ha sido reemplazado por otro, con protagonista distinto, bajo pañuelos sectarios e influencias extranjeras. La derecha debe colocar los intereses del mundo libre sobre la estrategia de legitimación de una dictadura velada. La apertura económica y las elecciones parciales desdibujan la fuerza del Estado de Derecho cuando no hay horizonte de libertad, sino de control religioso.

Urgimos a imponer condiciones verdaderas: respeto real a minorías, retorno al pluralismo político, sometimiento a tribunales independientes y control de actores externos. Siria necesita una república, no una teocracia con fachada posbélica.

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